Logros del Municipio de San Isidro en el primer año de digitalización integral de su red de salud.

Cuando el Municipio de San Isidro, en la Provincia de Buenos Aires, decidió avanzar con la digitalización integral de su sistema de salud, el punto de partida era bastante heterogéneo porque convivían distintos escenarios: algunos efectores utilizaban un sistema de manera parcial, otros lo usaban de forma fragmentada y varios seguían trabajando casi exclusivamente en papel. En una red compuesta por tres hospitales, un centro odontológico y diez centros de atención primaria, esa diversidad hacía prácticamente imposible lograr trazabilidad, consolidar información y gestionar con datos confiables.

En concreto, el proyecto comenzó hace un año con el modelado del pliego de licitación, y siguió con la licitación propiamente dicha en noviembre de 2024, la adjudicación un mes más tarde y el arranque de la implementación en enero de 2025.

Desde entonces, el proyecto viene siendo liderado por Mara Antonela Figueroa, implementadora del sistema Integrando Salud, la plataforma basada en la nube que ofrece todo tipo de soluciones digitales para organizaciones de salud de todos los tamaños, profesionales del sector y pacientes, comenta: 

“El primer paso fue relevar en detalle cómo funcionaba cada institución. No se trató de aplicar una receta estándar, sino de entender los procesos reales, las particularidades de cada efector y el nivel de madurez digital de cada equipo. Ese diagnóstico inicial fue clave para definir una estrategia de implementación progresiva, sin interrumpir la atención ni generar impactos negativos en pacientes y profesionales”.

La decisión del municipio de encarar una digitalización integral respondió, justamente, a esa heterogeneidad inicial. Con sistemas distintos o inexistentes, la gestión de la salud se volvía reactiva y fragmentada.

“Unificar la plataforma permitió empezar a construir una base común de datos clínicos y administrativos, indispensable para mejorar la toma de decisiones y planificar políticas de salud con información real”, señala Figueroa.

A lo largo de este primer año de trabajo, los avances fueron concretos y escalonados: 

“Implementamos el sistema en los diez centros de atención primaria, en el centro odontológico y en el Hospital Municipal de Boulogne en el ámbito ambulatorio. En internación y guardia, ese mismo hospital fue el primero en digitalizarse. En paralelo, el equipo se encuentra trabajando en la implementación del Hospital Materno Infantil de San Isidro, próximo a lanzarse, y luego continuará con el Hospital Central de San Isidro, tanto en ambulatorio como en internación”.

Además hay que añadir que:

“El caso del Hospital Boulgone fue particularmente desafiante porque no contaba con un sistema previo: la mayoría de los procesos eran en papel”, recuerda Figueroa, y se explaya: “Allí, la implementación implicó no solo incorporar tecnología, sino redefinir circuitos completos de trabajo. En otros efectores, donde sí existía un sistema anterior, el foco estuvo puesto en la convivencia ordenada entre ambos entornos durante la transición, con reglas claras sobre hasta cuándo se registraba información en el sistema viejo y desde qué momento se operaba exclusivamente en el nuevo, para no perder datos ni generar duplicaciones”.

Uno de los puntos más sensibles del proyecto fue la gestión del cambio. Como ocurre en la mayoría de las transformaciones digitales, aparecieron resistencias iniciales, muchas veces asociadas a la percepción de que un nuevo sistema implica más carga de trabajo. Frente a eso, Figueroa dice que se realizaron capacitaciones, visitas presenciales y acompañamiento continuo a administrativos, enfermeros y médicos, poniendo el foco en la usabilidad del sistema y en el valor de la información que se genera automáticamente a partir de la práctica diaria.

Según Figueroa, en base a su experiencia, esas resistencias tienden a diluirse cuando los usuarios empiezan a operar el sistema, prueban las funcionalidades y comprueban que no solo es intuitivo, sino que les devuelve información útil para su propio trabajo. El cambio deja de percibirse como una imposición y pasa a entenderse como una herramienta.

En términos de resultados, el municipio hoy cuenta con un volumen de información clínica y operativa que antes no existía. Los datos se generan mientras el sistema es utilizado por médicos, enfermería y personal administrativo, sin necesidad de recargas posteriores. A partir de allí, se alimentan tableros de gestión que permiten analizar cantidad de atenciones, pedidos realizados, uso de agendas, niveles de ausentismo, turnos otorgados y asistencia efectiva de los pacientes. Esta trazabilidad, cruzada entre turnos solicitados y presencia real, se volvió una fuente clave para optimizar recursos y mejorar la planificación.

Para otras redes de salud que estén evaluando un proceso similar, la experiencia de San Isidro deja aprendizajes claros. Figueroa destaca como condición fundamental la conformación de un equipo de trabajo con poder de decisión, pero también con implementadores en territorio. No alcanza con reunirse con coordinadores o responsables de área: es indispensable involucrar a quienes usan el sistema todos los días. A eso se suma la comunicación constante, no solo dentro del área de salud, sino con todas las áreas municipales involucradas, y una visión de mejora continua.

“La digitalización no es un evento, es un proceso”, resume. Avanzar por etapas, celebrar pequeños hitos —como implementar ambulatorio en una institución o empezar a medir indicadores que antes no existían— y dejar otras mejoras para una segunda fase permite sostener el proyecto en el tiempo sin bloquear la operación.

A un año de iniciado el camino, San Isidro muestra que una digitalización integral en el sector público es posible cuando se combina tecnología, trabajo en territorio y una estrategia de implementación pensada a largo plazo, pero ejecutada paso a paso.